Con el debido respeto (Georges Brassens en español)

En 1971 escuché por primera vez La mala reputación, cantada por Paco Ibáñez. En mi libro de texto de francés de COU ya figuraba algún texto de G.B. (Chanson pour l’Auvergnat) junto con su fotografía, con la pipa entre los labios. Mi curiosidad natural me incitó a descubrir más canciones de este hombre. Pregunté en la única tienda de discos que existía en Ávila, Disco 70. Había un solo disco suyo, con una selección de canciones «Lo mejor de…». Yo no tenía tocadiscos, pero el dueño me dijo que si le compraba una cinta de cassette, me podía grabar el disco por un módico suplemento.  Gracias a esa práctica pude escuchar algo más de su obra, lo suficiente para darme cuenta de que mi nivel de francés de bachillerato me daba para intuir que más o menos el noventa y cinco por ciento se me escapaba. Pero ese exiguo cinco por ciento ya era suficiente para fascinarme, por su sonoridad, por su descaro, por su valentía, por su sensibilidad.

Vincent San Filippo, lector de francés de la Escuela de Magisterio de Ávila, donde yo seguí estudiando, me  ayudó  a entender los múltiples matices de las letras de Brassens, y de paso, a profundizar en el conocimiento de la lengua francesa.   Esa fue  la llave que me abrió la puerta a una forma diferente de  entender la canción, al mundo de  Georges Brassens. En ese momento empecé a traducir por mi cuenta alguna de sus canciones, con la ayuda de Vincent, y a intentar encajar las sinuosidades de sus versos en el molde de nuestro idioma.  Entonces me di cuenta de que no solo Paco Ibáñez, con su rudo estilo, era hijo putativo del tío Georges. Muchos otros, como Serrat, Aute, Pi de la Serra, Imanol,  Krahe, Sabina, Joaquín Carbonell, Claudina y Alberto Gambino, Manuel Toharia,  mostraban su influencia y a menudo la plasmaban incluso haciendo versiones de sus temas, tarea que yo estaba ya intentando pero que aún no llegaba a conseguir.

Un tiempo después retomé mi tarea de adaptar a nuestra lengua algunas de sus canciones. De unos treinta temas empezados, en 1997 tenía dieciséis temas adaptados, sin un criterio fijo de selección. Normalmente me ponía a trabajar con los que más me gustaban, pero que enseguida resultaban ser los más difíciles. No se trataba de embutir las letras para que sonasen; había que conservar todo lo posible de las intenciones del autor, e incluso, en algunos casos, extrapolarlas, transplantarlas al contexto en el que yo pudiera expresarlas con autenticidad, o, dicho de otro modo decir lo que hubiera dicho él si yo fuera él o viceversa. ¿Me entendéis? No importa. Se trata de que lo escuchéis y lo entendáis. No a mí; a las canciones.

¿Por qué, en todo este tiempo, no me había decidido a sacarlas adelante? Pues, con toda seguridad, porque necesito compartir mis proyectos musicales con otra gente con la que esté a gusto. En este caso, tuvo que llegar desde las Baleares Sebastià Alomar  para tomar el asunto por los pelos y abordarlo con decisión. En unos pocos meses lo hicimos realidad en forma de disco: «CON EL DEBIDO RESPETO», con diseño gráfico de Javier Lobato.

 

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