Letra y música de Pedro A. Almeida
Yo soy más de pueblo que las bellotas, y eso me place.
Estoy bien seguro de que se nota dónde uno pace,
y es que algunas veces que he procurado cambiar de ambiente,
pues al fin y al cabo he fracasado rotundamente.
Voy a la ciudad muy de vez en cuando por ir al cine,
porque algún museo o algún teatro me contamine
–intelectualmente, se entiende, claro, que otro sentido
no tendría el viaje; mejor sería no haber venido–.
Ya no me impresionan los edificios de apartamentos
que se me amontonan, más feos que Picio,
sobre el cemento;
siempre he preferido las casas viejas, las de mi aldea:
sus aleros anchos, sus corredores, sus chimeneas…
Las calles repletas de ruido y coches me desconciertan.
Aquí pierdo el norte, pierdo la calma, pierdo la cuenta.
Plazas y avenidas a todas horas de gente tiestas,
que a mí me parece que nunca comen ni se echan siesta.
Van por todas partes y van en fila igual que borras.
Yo saludo a todos y ni me miran…¡Esa no es forma!
En el pueblo es norma que a todo el mundo se le saluda.
Yo sigo en mis trece y a ellos, parece que se la suda.
Voy de un lado a otro de susto en susto como una liebre,
ando como un pato y me mareo y me da fiebre.
Me pongo fatal de dar y dar vueltas como una noria
y me siento igual que el pobre Paco Martínez Soria.
Me fastidia el humo, toso y escupo aunque no fumo…
Me lloran los ojos, se ponen rojos y me consumo.
Yo que nunca agarro ni un mal catarro, hoy, ¡qué desgracia!
me pongo modorro y pido socorro en la farmacia.
Y cuando ya se me suben los humos a la cabeza
me vuelvo a mi pueblo con mis manías y mis rarezas
a escribir canciones bajo las ramas de los castaños;
menos mal que sé que no volveré… hasta otro año.
Yo soy más de pueblo que las bellotas, y eso me place.
