Letra y música: Pedro Á. Almeida (En el disco El sitio donde nacen las canciones)
Cenutrio, mangarrián, pringao, cernícalo,
soplagaitas, capullo, adán, gaznápiro,
patán, cantamañanas, memo, estúpido,
mastuerzo, espantapájaros, huevón,
cencerro, analfabestia, hortera, rácano,
gallina, gandul, ganso, imbécil, lerdo,
membrillo, cagatintas, cutre, pánfilo,
mentecato, mindundis, juampajón,
pasmarote, merluzo, mamarracho,
obtuso, tarambana, lameculos,
dominguero, donnadie, calzonazos,
tontolaba, pelanas, bujarrón,
botarate, berzotas, pavisoso,
mojigato, panoli, meapilas,
mamerto, petimetre, pichafloja,
majadero, alelao, bobalicón,
marmolillo, zopenco, mercachifle,
piltrafilla, haragán, correveidile,
zangolotino, boboloscojones,
jetalcuza, bausán, sansirolé,
comemierda, cornúpeta, blandengue,
cabezabuque, pelagatos, pijo,
mamporrero, alcornoque, gilipollas,
atorrante, boludo, avinagrao,
muermo, sandio, percebe, badulaque,
estólido, borrego, zonzo, cándido,
babieca, mameluco, papanatas,
bandarra, idiota, zote, lelo, atún,
burro, ñoño, mostrenco, metepatas,
adefesio, cabrón…
Son solo cien palabras,
un botón de muestra
del gran surtido de vocablos
que hay en la trastienda.
Cuántos recursos expresivos
tiene nuestra lengua.
Somos capaces de crear
tanta riqueza léxica…
Este catálogo tan amplio,
este despliegue verbal,
es patrimonio común,
vocabulario ideal
para estrechar firmes lazos y entablar
relaciones duraderas,
sinceras, de amistad.
De cuántos métodos dispone
nuestra inteligencia:
capacidad de empatizar,
de resolver problemas…
Por favor, ante todo corrección,
que nadie se ofenda.
Son cien palabras nada más,
solo un botón de muestra.
